Muchas iglesias sevillanas, como Santa Catalina, se erigen sobre antiguas mezquitas y conservan un aspecto islámico gracias al estilo mudéjar, una corriente arquitectónica y artística muy particular en el sur de España

Pasear por el centro de Sevilla es viajar en la historia. Si levantamos la cabeza veremos diversas estampas que nos trasladarán a épocas y civilizaciones pasadas. Un buen número de ellas parecen sacadas de Oriente Medio o de algún lugar del norte de África. Pero nada más lejos de la realidad.

El legado islámico se puede apreciar en toda la ciudad, principalmente si nos detenemos ante una iglesia o casa-palacio del siglo XIV o XV. Pero también el trazado de las calles permite entender la configuración de una ciudad que vivió el paso de tantos pueblos y que se convirtió en centro de gran diversidad de culturas y religiones.

Si nos fijamos en los templos, además de la Catedral (erigida sobre la aljama mayor construida por los almohades en el siglo XII), Sevilla tiene numerosos santuarios que se encuentran también sobre los terrenos de antiguas mezquitas. Junto a la sede catedralicia destaca la iglesia colegial del Divino Salvador, erigida sobre la primera mezquita mayor, la llamada Ibn Adabas, construida en el año 829 durante el dominio árabe.

Patio Abluciones Divino Salvador

Antiguo patio de abluciones de la mezquita árabe

Todavía se conservan sus patios de abluciones y alminares. Incluso elementos menos vistosos, como las aldabas de bronce de la puerta de Ibn Adabas, que hoy en día se encuentran en la puerta de la sacristía del Salvador.

Algunas mezquitas se convirtieron en sinagogas tras la Reconquista de Fernando III, pero desgraciadamente las tres con las que contó Sevilla desaparecieron debido a los trágicos sucesos de 1391.

Estilo mudéjar

Muchas de estas antiguas mezquitas conservaron parte de los minaretes para incorporar el campanario, como la propia Catedral con su famosa Giralda. Sin embargo, otras iglesias incorporaron un nuevo estilo arquitectónico en el siglo XIV, que consistía en combinar las técnicas decorativas y materiales empleados por los musulmanas: el mudéjar. Un estilo que irá de la mano de otros a lo largo de los años, como el gótico o el renacentista.

La Iglesia de Santa Catalina, declarada Monumento Nacional en 1912, es sin duda uno de los templos más destacados de la capital andaluza. Fue construida en el siglo XIV siguiendo el estilo gótico-mudéjar.

Presenta tres naves y alberga en su interior un tesoro fascinante, con obras como el retablo del siglo XVII, presidido por Santa Catalina; el Cristo de la Exaltación, de Pedro Roldán (1687); la impresionante Capilla Sacramental barroca, de Leonardo de Figueroa (1721); y el retablo barroco con una excepcional pintura del Cristo del Perdón, de Pedro de Campaña (1560).

Cristo del perdon Pedro Campaña y capilla sacramental Leonardo de Figueroa

Cristo del Perdón (izq.), por Pedro de Campaña, en la Capilla Sacramental, obra de Leonardo de Figueroa

Además, es sede de varias hermandades: la Exaltación (que sale en procesión cada año en el Jueves Santo); la Virgen del Carmen y Nuestra Señora del Rosario; y Santa Lucía (patrona de la vista).

Reabre sus puertas

Hace dos años, la iglesia de Santa Catalina reabrió al público después de catorce años cerrada debido a serios problemas estructurales y de conservación. Por el valor de sus piezas y de su pasado se ha convertido desde su reapertura en una de las joyas más desconocidas de la ciudad que merece la pena descubrir.

El templo sufrió una importante restauración en la década de 1920 dirigida por el arquitecto municipal Juan Talavera y Heredia, quien instaló en este edificio una fachada gótica de la Iglesia de Santa Lucía. Esta intervención impide hoy en día divisar la entrada original gótico-mudéjar desde el exterior.

La portada se cambió de lugar gracias a la mediación de Talavera, y finalmente se condujo al convento de Santa Clara. El famoso arquitecto la recompuso en 1922 pero, desgraciadamente, en la actualidad se encuentra abandonada e inaccesible al público.

Reubicaciones

Se trata de una de las múltiples obras de reubicación que realiza Talavera en la ciudad, que en muchos casos sirvió para resguardar las obras de sus demoliciones. Entre ellas destaca la portada de la primitiva universidad, de la que tan sólo queda en pie la iglesia Santa María de Jesús.

El acceso al antiguo colegio (germen de la universidad hispalense fundada a principios del siglo XVI) se encontraba justo en el eje que une la Puerta de Xerez con el ayuntamiento. Se quería derribar para poder ampliar la ciudad con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929.

Decenas de ejemplos

El entorno del casco histórico de la ciudad cuenta con un sinfín de alternativas que permiten apreciar el pasado islámico a golpe de vista. Alguna calle presenta incluso varias muestras, como la calle San Luis.

Portada de Santa Lucia incrustada en Santa Catalina, Sevilla

La portada gótica de la iglesia sevillana de Santa Catalina formaba parte del templo de Santa Lucía

En la otrora calle Real, que conecta el centro monumental con el norte de la ciudad y el barrio de la Macarena, se disponen las bellas iglesias de San Marcos o Santa Marina, esta última una de las más antiguas y menos modificadas de Sevilla. Todas ellas levantadas a lo largo de la Baja Edad Media sobre cimientos de lo que en su día fueron mezquitas.

Mudéjar civil

Tampoco debemos olvidar otros emplazamientos alejados del mundo sagrado, como el Real Alcázar o las diversas casas-palacio que hospedaron a las familias más poderosas de Andalucía. Sin duda, el Palacio del Rey don Pedro en el Alcázar es la mayor expresión de arte mudéjar dentro de un edificio civil que se puede encontrar no sólo en Sevilla, sino en el mundo. El conjunto palatino también se erigió sobre los terrenos de un edificio de origen musulmán, un palacio almohade que, previamente, se había asentado sobre el palacio del rey al-Mutamid durante el período de las taifas.

La Casa Pilatos constituye, por su parte, el mejor ejemplo de casa nobiliaria ligada al mundo islámico, con múltiples técnicas artísticas y decorativas de clara influencia agarena. Artesonados, taraceas, yeserías y, quizá, el elemento que sobresale por encima de todos: la cerámica. Tan solo en este inmueble se muestran más de 150 motivos diferentes de azulejos, todos ellos realizados en Triana en el siglo XVI.

Sevilla permite llevar a cabo un formidable y extenso recorrido por sus calles en las que deleitarse con este rico estilo que mezcla dos culturas tan presentes en la España de hace un milenio: la cristiana y la musulmana. Casi cualquier rincón ofrece la oportunidad de disfrutar de esta fusión tan particular y única en el mundo. ¿Te lo vas a perder?

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